Relatos y tradiciones · Historia
La fuente que no acudía
Cuando apareció el Bet Yosef, no todos lo acogieron con agrado. Una de las principales autoridades halájicas de la época, Rabí Yosef ibn Lev de Estambul, dijo a sus alumnos que no lo usaran. Temía que un libro que exponía todas las fuentes y todas las opiniones los volviera perezosos: se apoyarían en él y perderían su propio dominio del Talmud y de los primeros comentaristas.
Rabí ibn Lev era él mismo el modelo de lo que exigía. Cuando enseñaba el Tur, relata el Jidá, citaba de memoria cada una de las fuentes en que se basaba cada decisión, y nunca olvidaba ninguna.
Un día, en mitad de una clase, no logró recordar la fuente de una decisión concreta. Buscó en su memoria; buscó en los libros; no acudía. Al fin dijo a sus alumnos: “Veo que el Cielo quiere que se estudie el Bet Yosef. Id a buscarlo allí”.
Abrieron el Bet Yosef, y allí estaba la fuente, en un tratado del Talmud. Desde aquel día, Rabí Yosef ibn Lev permitió a sus alumnos estudiar con él.