Relatos y tradiciones · Historia
La Mesa y el Mantel
Muy al norte, en Cracovia, un joven rabino llamado Moshé Isserles —el Remá— se había propuesto una gran tarea: un comentario al Tur que reuniera todas las fuentes y decidiera la ley. Estaba muy avanzado en la obra cuando le llegó la noticia de que había aparecido un libro que hacía exactamente eso: el Bet Yosef de Rabí Yosef Caro de Safed.
Podría haber abandonado su trabajo, o haberse enfrentado al recién llegado. No hizo ni lo uno ni lo otro. Leyó el Bet Yosef y vio tanto su grandeza como lo que le faltaba: seguía principalmente a las autoridades sefardíes, y a menudo omitía las costumbres y decisiones de los sabios de Alemania y Polonia. Así que reformuló su propio libro, Darké Moshé, para complementar el de Caro.
Cuando apareció el Shulján Aruj, el Remá volvió a hacer lo mismo. Allí donde la práctica asquenazí difería, añadió una breve glosa. Llamó a sus notas HaMapá —“el Mantel”—, para extenderlo sobre la “Mesa Servida”. Impresas juntas, las dos obras se hicieron una: un único código para todo el pueblo judío, en el que los sefardíes siguen a Marán y los asquenazíes siguen al Remá allí donde discrepa, y todos estudian la misma página.
Es difícil imaginar una respuesta más generosa de un gran sabio a otro. Nunca llegaron a conocerse. Sus libros llevan más de cuatrocientos años uno junto al otro sobre la mesa de todo rabino.