Una vez concluido el Bet Yosef, Caro destiló sus decisiones en un código breve y claro, sin las largas discusiones ni las fuentes: una obra para el uso diario, a la que llamó Shulján Aruj, “la Mesa Servida”. Lo terminó en 1555 en la aldea de Biriá, cerca de Safed, adonde había ido durante un brote de peste. Se imprimió por primera vez en Venecia en 1565.
Cuatro partes
- Oraj Jaim: la vida cotidiana, la oración, el Shabat y las festividades.
- Yoré Deá: la cashrut, el duelo, la caridad, el estudio de la Torá y otras leyes que requieren decisión rabínica.
- Even HaEzer: el matrimonio y el divorcio.
- Joshen Mishpat: el derecho civil y monetario, los tribunales y el testimonio.
De compendio a código de todo Israel
Caro concibió la obra como una guía; el mundo judío la convirtió en ley. Al principio encontró resistencia: de quienes temían que unas decisiones sin fuentes sustituyeran al estudio, y de los sabios asquenazíes, que señalaban que seguía principalmente a las autoridades sefardíes. El más grande de ellos, Rabí Moshé Isserles de Cracovia, no respondió rechazándola sino completándola: sus glosas, HaMapá (“el Mantel”), recogían la práctica asquenazí allí donde difería. Impresas juntas, ambas obras se convirtieron en el código común de todo el pueblo judío. A su alrededor crecieron los comentarios que se estudian hasta hoy: el Shaj, el Taz, el Maguén Avraham, la Mishná Berurá, el Kaf HaJaim y muchos más.
Su influencia
Casi cinco siglos después, el Shulján Aruj sigue siendo el fundamento de la práctica halájica en todas las comunidades. Para los judíos sefardíes, las decisiones de Caro se aceptan como vinculantes: él es Marán, “nuestro maestro”.