Relatos y tradiciones · Místico
«Yo soy la Mishná que habla en tu boca»
El hombre que escribió el código legal más riguroso de la historia judía llevaba un diario secreto. En él, durante unos cincuenta años, Rabí Yosef Caro anotó lo que le decía un maestro celestial al que llamaba el Maguid, «el que relata». El Maguid no se presentaba como una visión. Hablaba por la propia boca de Caro, y se identificaba una y otra vez: «Yo soy la Mishná que habla en tu boca». Era como si la Torá Oral misma hubiera encontrado una voz. Se cuenta que le llegaba mientras repetía mishnayot de memoria.
Un maestro exigente
El Maguid no era benévolo. Instaba a Caro a la santidad en cada detalle de la vida: a dormir lo menos posible, a comer y beber solo lo necesario y sin hallar placer en ello, a vigilar cada pensamiento y a no dejar pasar un solo instante sin estudiar. Lo reprendía cuando fallaba: por una comida más copiosa, por un sueño de más, por un momento de distracción. Junto a estas exigencias le enseñaba los secretos de la cábala: las sefirot, las almas de los hombres, la reencarnación, el sentido de las mitzvot.
Las promesas
El Maguid hizo promesas a Caro, y el diario las recoge. Le prometió que tendría el mérito de establecerse en la Tierra de Israel, y así fue. Le prometió que completaría su gran obra y que esta iluminaría los ojos de todo Israel, y el Bet Yosef y el Shulján Aruj lo han hecho durante casi quinientos años. Le prometió una cosa más, que no llegó a cumplirse (véase La promesa de fuego).
¿Qué era un maguid?
Rabí Jaim Vital, discípulo del Arizal, explica en su Shaaré Kedushá que la visita de un maguid es una de las formas de rúaj hakódesh, la inspiración divina, concedida a quienes se santifican. Caro no fue el único sabio de su época que recibió uno, pero su testimonio es el más rico que poseemos.
Cuánto se ha conservado
El diario no se imprimió hasta el siglo siguiente, con el título de Maguid Mesharim. El Jidá relata que lo que llegó a la imprenta era apenas una quincuagésima parte del manuscrito. El resto, como tanto de aquel mundo, se ha perdido.